Moscú

Moscú

Xavier Bankimaro

Moscú, ¿por qué Moscú?, el porqué se encuentra en que la visité una noche gélida con los ojos cerrados. Tomaba fotografías a una hermosa iglesia, de esas de colores que sólo existen allá y donde los monjes cantan en ruso o griego y no entiendes un carajo.

Algunos carros autómatas de corta estatura paseaban zumbando por las calles echando un vapor tibio con olor a sándalo y/o lavanda; calefactores andantes que hacían, por un momento, latir mi corazón. Éste al verlos por un momento creía que en ellos se escondía el futuro.

Lloraba de felicidad y trataba de encender un cigarrillo, ¿Por qué?, el porqué está en el olor del tabaco y las lágrimas que se sentían heladas mientras rozaban mi mejilla.

Una pareja de ancianos, altos y de cabello blanco, con hermosas y grises chamarras echaban vodka a un vaso con leche que calentaban en una especie de estufa portátil pequeña.

Frente a la iglesia de colores y entre los cantos inentendibles su amor de décadas, de eternos y predadores inviernos, hacían, por un momento, latir mi corazón. Éste al verlos por un momento creía que en ellos se escondía se escondía lo sagrado.
Sagrado es aquel momento en que dos personas ven la misma cosa y perciben con el alma la intención detrás de ésta; entonces no necesitan las palabras como puente para hablar, y por lo tanto, no hay puente que se rompa y las separe. La cosa queda inmaculada.

Entre ellos sólo una sonrisa basta.

El futuro es un par de chamarras grises que flotan en la nieve todavía de la mano, y beben leche caliente con vodka mientras un carro autómata les da una ligera y cálida mirada con un vapor tibio con olor a sándalo y/o lavanda.

Lloraba de felicidad y trataba de encender un cigarrillo, ¿Por qué?, el porqué está en lo sagrado del futuro y en las lágrimas que se sentían heladas mientras rozaban mi mejilla.

El presente era un hombre con los ojos cerrados tratando de hacer funcionar su encendedor ya congelado.

Una chica delgada de cabello oscuro y tierna mirada se acercó, sacó un encendedor de su gabardina y al encender mi cigarrillo con un dulce y turbio español me susurró:

“En Rusia todos fumamos; en Rusia, todos fumamos…”

Moscú

Ilustración: Esbeidy Art

Los cantos de los monjes se escuchaban flotar fuera de la iglesia con sus colores y tras una bocanada, en su turbio español, mi corazón dio un salto, y como siempre en un sueño sintió escondido el futuro sagrado.

Todavía no entendía un carajo…

 

Bankimaro

Xavier Bankimaro:
Narrador transpoeta, desmitificador y creador de mitos; sus letras deben su devoción a la creación y destrucción de la realidad a través del lenguaje, anticultural más que contracultural. Actualmente es colaborador en la revista Letras Explícitas y columnista en la revista El Fanzine. El Universo se expande por voluntad y no por inercia.
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