Los padres de Arlene

Los padres de Arlene

Los padres de Arlene

Calergo Rocco

Cuando abrí los ojos finalmente eran casi las siete de la mañana. No me gustaba dormir mucho tiempo cuando no estaba en mi casa. La noche anterior habíamos tenido una cena en casa de los padres de Arlene.

Llevábamos dos meses saliendo y había insistido demasiado en que conociera a los señores, yo le decía que no era un buen tipo que les cayera bien a los padres. Normalmente terminaban persiguiéndome o entregándome a las autoridades correspondientes. Y no era que yo no les prestara la debida atención a sus hijas, sino que, al contrario, les daba más importancia de la que merecían y en cuanto por fin entrabamos en una relación más o menos estable, me gustaba extenderme un poco más a mis anchas. Ahí era cuando los padres se ponían pesados conmigo.

Había conocido a Arlene en casa de mi amigo Elías, era instructora de danza contemporánea y le gustaba la música de los elevadores y de las plazas comerciales. Era una chica con un enigmático misterio en su mirada. Le dije. –  Me gusta la forma como me miras cuando hablo de lo bien que te ves con el cabello así. Ella contestó que me miraba así porque en mis ojos veía la luna, que era lo que más le gustaba. Cinco minutos más tarde estaríamos haciendo el amor, tan intensamente que parecería que en esos eternos instantes de besos locos y caricias desquiciadas se nos iba la vida, y así seguimos hasta que nos alcanzó la madrugada.

Nos  adaptamos rápidamente el uno al otro. La cuarta vez que nos vimos fue en un café y la quinta se quedó a dormir en lo mío. Me gustaba estar con ella, no porque fuera una chica muy lista, sino que su compañía era mágica. Estar a su lado era simplemente intoxicante. Nuestra relación era casi, casi perfecta. Habíamos logrado unir nuestras almas y compartir nuestras soledades sin que nadie saliera lastimado. Un día mientas tomábamos una cerveza y charlábamos en algún pub de esos estilo irlandés; salió al tema algo sobre conocer a los padres y ella me soltó luego de un par de chascarrillos la invitación de ir a conocer a los señores Beunte.

– ¿Te Apellidas Beunte? – le pregunté, mientras soltaba una gran carcajada.

– Sí así es. – dijo ella. – ¿Cuál es la risa?

Le dije que su apellido no era usual y que parecía como bellota, o algo como cacahuate o nuez.  Ahí fue cuando la cosa se puso fea. Me gritó que yo era un maldito imbécil y que no tenía por qué burlarme de su apellido. ¿Qué carajos te pasa? Uno no va por ahí insultando el apellido de la persona que ama y haciendo burla de cómo suena… y así siguió por media hora más. De repente se detenía para aguantar el llanto. Yo la miraba nada más y tomaba mi cerveza.  Era inevitable lo que se aproximaba.  Así que termine mi bebida con la resignación con la que un tipo hace la cola para pagar su servicio de luz. Sabes que estas jodido… pero estarás más si no haces dicha cola para pagar.

Mujer berrinche

Luego de varios gritos reclamos y chantajes, también muchísimas lágrimas. Nos encontramos parados frente a la puerta de los padres de Arlene. Nos abrió un sujetillo muy curioso. Tenía el poco cabello que le quedaba pegado con fijador para el cabello a una cabeza perfectamente redonda. El tipo era de estatura baja y me lo presentaron como el esposo de la hermana de Arlene.  El tipo tenía la nariz larga y puntiaguda, y dos simpáticos y largos pelos le salían de su fosa nasal izquierda, por cierto, enormes fosas nasales.

¡Eh! ¡Seguro que tú eres de los que fuman bajo la lluvia! – le dije en tono de broma.

Me miro confundido; y su actitud confesó no haber entendido mi broma. Llevaba una guayabera blanca de manga larga y usaba pantalones color kaki. Estuvimos charlando ahí como por unos diez minutos en la entrada de la casa. Nos contó de su nuevo trabajo. De que a Irma no le iba bien en la escuela, y que la directora no le había cumplido lo del pago. Ahí fue cuando perdí la concentración en lo que estaba diciendo, no parecía ser un sujeto interesante, preferí mirar la casa y me propuse encontrar una cerveza. Luego de unos minutos de búsqueda encontré dos, le lleve una a Arlene y la otra la tome yo. El tipo seguía hablando. Yo ya no escuchaba. Solo miraba con atención detalles de la casa que me pudieran dar un indicio de entre qué tipo de gente me encontraba yo.

Cerca de las 11 pm, yo ya estaba algo borracho. Fue entonces cuando nos invitaron a pasar a la mesa para cenar.  Ahí me di cuenta de toda la verdad. El Padre de Arlene se levantó y agradeciendo a los presentes hizo un brindis.

– ¡Por la nueva parejita! – Dijo. Luego se dirigió a mí con la mirada y hablo otra vez – Espero que estos días sean dentro de poco recordados en las navidades y en días festivos… hijo.

¿¿¡Que!?? Pensé para mis adentros. ¿¿¿hijo??? Esto no podía estar yendo más mal que nada. Yo no quería formalizar nada aun. Yo no formalizaba ¿Quiénes eran estas personas? ¿Qué querían? ¿Cómo había yo llegado a semejante situación? Entonces la mamá empezó a hablar.

Comenzó con la historia de que una tal tía Victoria había logrado que la boda se realizara en casa de los padres del primo de su yerno. Y que ella podría ayudarnos a conseguir un buen lugar porque era buenísima para eso. Había ayudado a realizar la boda de no sé quién y había sido la mejor boda del año, y mientras iba contando esas historias yo solo pensaba en cómo escapar de esa situación, aunque me costaba trabajo pensar con claridad. Fue entonces que llego Toño, un tío de Arlene con el tequila. Supe durante los primeros tres caballitos que era sacerdote. Luego todo se tornó muy turbio y aún hasta la fecha no puedo hacer memoria con claridad de nada. Todo lo que paso lo supe hasta la mañana siguiente.

Eran las siete de la mañana y no podía encontrar mi zapato. Me habían dejado en el sillón de la sala durmiendo. Me levanté y fui hasta la cocina donde estaba Arlene con los ojos llorosos.  Lo primero que pensé cuando la vi fue pensar en la pobre persona que se chuto ese llanto.

Mujer reclamo

Lo siento. No recuerdo bien que paso anoche. – dije

¡Eres un imbécil! – dijo.

¿Se salió algo de control la cosa? – pregunté.

¡Le dijiste a mi tío que, si existía algún dios, era seguro que no podía tener pene!

¿¡Eso dije!? – pregunté.

¡A MI TIO EL SACERDOTE! – Grito con furia. Luego prosiguió. – Le dijiste a mi papá que no podrías emparentar nunca con él, puesto que se veía que era un maldito gordo con aspecto de funcionario enojado y que además era racista. A mi madre le dijiste que no se preocupara tanto por los detalles ya que tú y yo cogíamos ya desde hace tiempo muy rico. Te portaste como nunca te habías portado de grosero y dijiste que te largabas.  Abriste la puerta y te fuiste.

Lo siento, a veces el tequila me pone mal. Dije. ¿Y por qué sigo aquí? Pregunté.

Por qué tu llanta se ponchó y no tienes refacción. Mi padre te dejo entrar, no sin antes hacerte llorar y suplicar, para que no pasaras la noche en tu carro. Eres un maldito.

Lo sé, ya me voy. – dije.  Me prestarías tu teléfono para hablar y pedir ayuda.  Me quedé sin batería.

Me presto su teléfono, me alejé y le marqué a Carlos. Un amigo que sabía estaba viviendo a algunas cuadras de ahí recientemente.

¿Bueno? – contestó.

Eh… Carlos soy yo. – dije.

Cal, ¿dónde andas? – dijo.

Estoy por tu casa y pensaba en pasármelo por ahí, no se quizás podríamos ir al rato por unas cervezas. – comenté.

Salí corriendo para allá, a toda velocidad, dejé mi carro y su llanta para el día siguiente.

Era jueves y teníamos que prepararnos para la función vespertina. Los jueves, después de las seis.  Una mujer que vivía en el edifico de enfrente del departamento de Carlos, se masturbaba con las ventanas abiertas… como si supiera que la observaban.  Sería otro jueves maravilloso.

Así eran los jueves de Martha

A Arlene nunca más la volví a ver.

 

Calergo

Calergo Rocco:
Escritor subterráneo de letras ligeras y suaves que intentan sacar de su zona de confort al lector. Nacido en la ciudad de México, Tejedor incansable de historias en forma de prosa espontanea. Siguiendo las influencias de Jack Kerouac, Raoul Vanneigem Charles Bukowsky, y Parménides García Saldaña, ha ido creando un universo propio de personajes donde se enredan situaciones y momentos de la vida cotidiana de cualquier individuo que lucha contra los estándares sociales y contra lo establecido por un sistema decadente. Irreverente por vocación y situacioncita por decisión. Actualmente radica en la ciudad de Mérida Yucatán México. Lugar perfecto para la creación de su material literario.Facebook

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