El Chico de la Gabardina

El Chico de la Gabardina

Xavier Bankimaro

“Extraño es lo que hace el amor cuando estás completamente solo…”
David Lynch.

El chico de la gabardina camina por la calle entre luces de automóviles, pasos húmedos y bocanadas de humo entre suspiros. Su andar es acelerado, como si fuese muy de prisa tras una pista que lo conducirá a descubrir el secreto de cómo nunca morir. De perfil, su gabardina lo cubre hasta la nariz dejando sólo observar su mirada fija al frente y ese sombrero de color gris, el cual hace juego con la gabardina y nos recuerda las películas de la nouvelle vague de los años 50 donde el hombre interesante se presenta como un marqués en bancarrota. Va protegiendo de la lluvia algunas cosas: un cómic de Superman, un álbum de Radiohead, el libro de un japonés que él desconoce y un poemario de Leonard Cohen.

Calle

-“¿Le leo su suerte, guapo?”

Le hablaron a su espalda, el chico de la gabardina volteó.

“Los humanos carecen de visión periférica, sólo ven con los ojos, sólo saborean con la lengua y sólo huelen con la nariz. Pese a su complejidad e inteligencia son seres muy burdos y ególatras, eso los hace tan divertidos y atractivos a mis ojos, algunos son tan soberbios que creen realmente que pueden ya sea destruir ya sea salvar al planeta.

Su egolatría los hace también muy predecibles, nunca podría leerle la suerte a un pleyadiano, pero SÍ a un humano”, dijo la hermosa criatura que observaba a los ojos al chico de la gabardina.

Éste se acercó, estaban ambos bajo el techo de alguna tienda de almacén.

“¿Cómo te llamas?”, preguntó él mientras tiraba la colilla de su cigarrillo al pavimento, las chispas brincaron.

“No podrías pronunciarlo”, comentó ella.

“Yo me llamo…”

“No, no importa. Es así como te llaman pero, ¿cómo se llama usted?”, interrumpió ella afirmando y cuestionando.

El chico de la gabardina observa. “No lo sé, toda mi vida me han llamado así, nunca había pensado al respecto realmente”, contestó.
“Además llevo prisa, debo salir de estos párrafos para hacer algo muy importante, no puedo quedarme en esta narración”, agregó.

Ella esboza una sonrisa antes de reír un poco.

“No vas a llegar de todas maneras, guapo, no vas si quiera a algún lado. ¡Ustedes los humanos son tan divertidos!”, comentó.
“En cambio, si te quedas puedo cambiar tu suerte, la cual sobra decir que es muy mala pese a tu gran corazón”, continuó.

“Pero…” Intentó decir el chico de la gabardina.

“Nunca vas a llegar a donde vas con tanta prisa y mucho menos fuera de esta hoja de papel, cariño; en cambio, si te quedas podríamos evitar eso y me harías mucha gracia”, dijo la bella criatura.

“Es muy tentador, nena; pero no puedo quedarme, tengo que hacer algo muy importante. Eres lo más brillante que he visto en mi vida, mas no eres hermosa, sólo brillante. Los humanos no podemos con eso pues somos devorados por nuestra pasión y fallecemos, quedarme con usted sería la muerte más lenta y deliciosa que un ser humano puede tener, pero no dejaría de ser muerte. Con su permiso, he de continuar mi camino. Adiós, bella dama en la calle bailante y el agua lúcida”, finalizó.

“Adiós, cariño. No te pierdas y no dejes de llevar la leña al hogar, de lo contrario no tendrás un bello fuego en la chimenea. Déjame darte algo”. La criatura le entregó un cuchillo y se despidió del chico de la gabardina.

Chico gabardina

El chico de la gabardina camina por la calle entre luces de automóviles, pasos húmedos y bocanadas de humo entre suspiros. Su andar es acelerado, como si fuese muy de prisa tras una pista que lo conducirá a descubrir el secreto de cómo nunca morir.

El mundo era adelante un espacio por interpretar, un mar por surcar, ahora que la lluvia había dejado atrás su propia vida…

Bankimaro

Xavier Bankimaro:
Narrador transpoeta, desmitificador y creador de mitos; sus letras deben su devoción a la creación y destrucción de la realidad a través del lenguaje, anticultural más que contracultural. Actualmente es colaborador en la revista Letras Explícitas y columnista en la revista El Fanzine. El Universo se expande por voluntad y no por inercia.
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