Los Matutes

Los Matutes

Xavier Bankimaro

Recuerdo un paseo de madrugada y de unas cuantas cuadras en la colonia Peralvillo en la Ciudad de México hace algunos años.

Un viejo amigo llamado Román y yo nos habíamos quedado sin cerveza en su cantona y decidimos salir por unas caguamas; pasaba de la media noche.

Barrio

“¡¡Güero!!” Escuchamos nos gritaban (en realidad me gritaban a mí pues mi carnal no era güero en absoluto); un par de tipos que estaban caguameando y cantando la cucaracha en la capota de un destartalado Tsuru. Dos tipos se acercaron, uno con un chaleco de mezclilla con el logotipo de una banda de rock mexicana de los 90, y el otro con una moica y con la mano derecha en el pantalón; ambos todavía con caguama en mano. Me preguntaron que hacía ahí, Román y yo nos estremecimos, sentí por adelantado los golpes y lamenté no haberme quitado ese maldito trapo que llevaba al cuello para ser aceptado en la oficina.

Los tipos miraron a Román por unos segundos…
Sonrieron y cambiaron totalmente su expresión. Aquel con el chaleco de Caifanes gritó:

“¡¡Calabazo!!” ¿Qué pedo weil? ¿Este pinche güero de tacoche es tu carnal?”

Román asintió con la cabeza mientras le arrebataba la bacha de la boca al de la moica.

Todos soltaron una carcajada excepto yo.

pelea

Ambos nos dieron a cada uno un golpecito en el brazo y nos invitaron a juntarnos con la banda. Estaban unos diez sentados en una esquina, entre el zaguán de una tienda grafiteado con la leyenda “Él que lea esto es puto corrupto…” y la entrada a un viejo edificio. Bebían cerveza y rolaban tranquilamente un carrujo; una rola sonaba en un celular, cantaba “No soy un buen rockanrolero…”

Puro calor y camaradería.

El canto del mal rockanrolero fue ahogado por el aullido de una sirena y las luces de colores que en México usan los peores de todos los bandidos: los matutes. En ese momento fue como alguien que te eructa en la cara cuando estás sonriendo.

Los matutes se bajaron de su porqueriza móvil y preguntaron:

“¿Dónde está la mota o la marmaja?”

El Caifán contestó alzando su dedo medio:

“¡¡Cantando la cucaracha!!”

Todos soltamos una carcajada excepto ellos.

Uno de la banda, definitivamente el más grande y el más callado; un auténtico Tlatoani, se paró y lanzó la bacha hacia la patrulla creando unas bellas chispas en la noche citadina, para después mirar a uno de los matutes y decir:

“Aquí esta poli, pa’ que no haga borlote…”

Uno de los matutes se metió al carro y tomó la radio, otro de los compas gritó

“¡¡Va a pedir refuerzos el maricón!!”… y

Ahí todo se detuvo, un envase de caguama se rompió en la cabeza del matute que estaba afuera de la porqueriza, y para cuando el segundo quiso reaccionar, lo estaban sacando del carro por la ventana mientras recibía una serie de madrazos con su propia cachiporra…

Román y yo tomamos un six de chelas que quedaba en una bolsa y nos fuimos caminando de regreso a su jacal…

La manada de perros era mucho más grande que los cerdos que llegaron a impedir la inocente diversión…

La manada de perros siempre ha sido y sigue siendo más grande que toda la piara que quiere impedir la diversión…

No volteé a ver, no sé si Román lo hizo, sólo sé que la banda se la estaba pasando de lujo, tocando de poca madre, y en ese microcosmos junto al zaguán, entre el calor y la camaradería, se estaba haciendo una melodía que debería sonar en todo el país…

Vidrios de patrulla rotos, huesos quebrados de matutes, estruendos y gritos de “pinche tira puto…”

Todos echaban carcajadas, excepto ellos…
No pensé en regresar, teníamos lo que habíamos salido a buscar…

Bajo la bruma de la noche di una bocanada a mi cigarrillo, volteé a ver el six de chelas y sonreí…

 

Bankimaro

Xavier Bankimaro:
Narrador transpoeta, desmitificador y creador de mitos; sus letras deben su devoción a la creación y destrucción de la realidad a través del lenguaje, anticultural más que contracultural. Actualmente es colaborador en la revista Letras Explícitas y columnista en la revista El Fanzine. El Universo se expande por voluntad y no por inercia.

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