Depredador

Depredador

Xavier Bankimaro

El camuflaje es el arma más poderosa de supervivencia,

aunque en realidad el suicidio (acto no sólo propio de los

humanos), prueba que desarrollar las fuerzas vitales es más

importante que sobrevivir.

 

Ciertas mariposas del África septentrional, muchas del

tamaño de una cabeza humana, son capaces de imitar los

rostros de ciertos depredadores con sólo juntar sus alas; a

veces, incluso llevan a éstos a una trampa mortal como a un

lugar envenenado o a las fauces de otros depredadores más

grandes y feroces. Algunas se posan en un árbol e imitan

un rostro humano o un corazón.

 

Recuerdo a una chica con la que estuve hace mucho; llevaba

puesto un vestido negro de falda corta y de tirantes que

había manufacturado ella misma; un vestido entallado que

tenía tejidas en la espalda las alas multicolor de una

mariposa y con una serie de figuras irregulares al frente

entrelazadas unas con otras con los mismos colores que las

alas en la espalda: intensos rojos, amarillos, azules…

 

Amorfos rostros humanos, como todo rostro humano,

amorfos rostros humanos.

 

Miraba un cuadro en una galería, una creación de ella: era

la figura de una mariposa con rostro de mujer y cuyos ojos

eran un vacío oscuro carente de pupilas; un agujero negro.

La boca abierta dejaba ver un cofre colocado en la lengua.

 

Tras un par de tragos fuimos a mi apartamento.

La historia de cómo sucedió esto está cerca de estas páginas

(curioso es que cerca sea una palabra que se use tanto para

hablar del tiempo como del espacio).

 

Ahí, en mi árbol, la amé hasta deformarla y ella me amó

hasta devorarme. Hice lo que quise con ella: desangrarme; lo

que quisimos con ella, lo que deseamos conmigo:

desintegrarnos; pero jamás le quite por completo ese vestido.

Fue como amar a una pintura, a una creación, y esa

creación era de ella, ella era su creación, un bello amorfo rostro humano.

 

Al despertar, aún antes del amanecer, sonrió, arrancó mi

corazón del pecho y lo guardó en un cofre ante mi mirada

perdida. Mi único suspiro fue una nota de Jazz…

 

Un abismo, un agujero negro.

 

Ella se sentó en la cama viendo hacia la ventana y

buscando las primeras notas del alba se paró y la abrió

extendiendo sus alas.

 

Allí, saciada, voló fuera de mi vida hacia la hambrienta nada.

Hacia la hambrienta nada.

 

Bankimaro

Xavier Bankimaro:
Narrador transpoeta, desmitificador y creador de mitos; sus letras deben su devoción a la creación y destrucción de la realidad a través del lenguaje, anticultural más que contracultural. Actualmente es colaborador en la revista Letras Explícitas y columnista en la revista El Fanzine. El Universo se expande por voluntad y no por inercia.
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7 Comments

  • Andres Fuentes julio 25, 2016 at 12:05

    Cada quien se mata como quiere y sufre de amor tanto como uno se lo propone, aveces aquella persona se queda a ver el alba contigo pero en otras vuelan hacia un horizonte llevando con ella una parte de ti que entregaste aquella noche…

    Reply
    • plantandolibros julio 27, 2016 at 00:22

      Palabras muy bonitas las que nos compartes.

      Reply
  • Esther Huerta julio 25, 2016 at 20:14

    Por publicaciones como esta es que disfruto muchísimo leerlos…

    Reply
    • plantandolibros julio 27, 2016 at 00:23

      Y a nosotros nos encanta que nos leas. 😉

      Reply
  • Fernanda julio 26, 2016 at 22:04

    Es interesante como puedes proyectar tus historias dentro de la narración, muy buen relato.

    Reply
    • plantandolibros julio 27, 2016 at 00:27

      Si te gustó, ya tenemos confirmada otra publicación del autor para el próximo sábado. 😉

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  • Xavier Bankimaro agosto 21, 2016 at 22:27

    Muchas gracias, me da mucho gusto que les haya gustado el texto. Mi intención como escritor es intentar “romper” la barrera entre poesía y cuento, espero puedan seguir leyendo el blog y seguir creando realidades a través del lenguaje para ustedes.

    Reply

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