Blubie

Blubie

Calergo Rocco

Los viernes por la noche nos gustaba salir de la ciudad y buscar cosas en cielo esperando encontrar algo que  fuera parecido o tuviera aspecto de nave espacial o platillo volador. Todos íbamos en el carro de Joana que era un vocho del año 1980, éramos Luis, Silvana, Carlos, Alberto, Ruth, Joana y yo. Tomábamos las rutas de terracería que salían hasta los primeros pueblos cerca de Ciudad Blanca.  Eran tiempos rudos, los tiempos buenos. Así poco a poco nos internábamos en la oscuridad del camino y nos estacionábamos a la orilla de la carretera para bajar y contemplar ese maravilloso cielo estrellado que miraba como alcanzábamos los excesos mientras intentábamos escapar de la madrugada.

Tomábamos cerveza, fumábamos y platicábamos, eran pláticas profundas.  Planteábamos ideales y conversábamos sobre cómo sobrevivir a la vida moderna, nos gustaba filosofar acerca del tiempo, sobre la sociedad y claro de todo lo que te interesa cuando estas con aquellas personas que no son familia, pero no hace falta que lo sean para sentir su cariño.  Ya lo dice la famosa frase “el hogar está donde está el corazón”.

-El problema no es si existen o no.- dijo Luis a Joana mientras miraba al cielo. El problema es ¿cuándo los veremos?

-Estás loco vato! Le dijo Carlos.- ¡Ya bájate de tu pinche viaje de Alienígenas ancestrales!

-Tú porque no lees ignorante! – dijo elevando la voz Luis. – pregúntale a Cal… él y yo ya los vimos una vez.

Carlos dirigió su mirada burlona hacia mí, luego se cruzó de brazos, únicamente para soltar tres carcajadas.   Y preguntar:

¿Y eso fue cuántos porros después?

-Ningún porro pendejo! – fue a tras de casa de mi tía. Dijo Luis. La que vive en la playa.

Le expliqué entre trago y trago de cerveza; que lo que parecían unas luces que según Luis eran de naves alienígenas que se hundían en el mar,  podían ser  los pulperos que salen en la madrugada a pescar.  Y  que ya lo habíamos discutido algunas veces. Y Luis nunca hacia caso. Le dije que yo no era más que un simple mortal y que la verdad me la sudaban los extraterrestres. Que yo solo estaba ahí por la compañía que ellos me ofrecían y si querían buscar o cazar alienígenas yo estaba con el grupo. Entonces, fue que Alberto abrió la boca. Pocas veces lo hacía, pero cuando lo hacía era porque algo le molestaba y lo tenía que manifestar.

-A mí me caga!  Dijo. –  yo solo vengo por la música chavos, y por la tomadera.

Luego de unos minutos Joana y Ruth dijeron que tampoco les interesaba estar ahí y solo nos acompañaban para ver que planearíamos después y aparentemente ver cómo nos emborrachábamos las divertía.

Luis comenzó a reclamarle a Ruth, con quien tenía desde hacía algunos meses una relación más o menos seria. El punto era que Luis pensaba que a Ruth le encantaba todo ese rollo.

Estrellas

Después de algunas cervezas y unos veinte minutos de discusión entre la linda parejita. Silvana nos habló de una fiesta que iba a haber en casa de Kiko Galván ese día, que aún estábamos a tiempo para llegar a lo mejor, lo pensamos como quince minutos antes de decidirnos.

Fue finalmente cerca de las 11 pm que nos encontrábamos camino a la fiesta de Galván. El simpático vochito color azul metálico avanzaba veloz entre la noche.  La banda sonora de aquel precioso momento era “1979” de Smashing Pumkins… y mientras avanzábamos dentro de la oscuridad, abriéndonos camino entre aquellos hermosos sueños de juventud. En un intento inútil de bajarle la cremallera al futuro, nos perdíamos inocentemente en la gran noche caribeña, esa que hizo que nuestras locas vidas se juntaran para hacer la mejor banda de amigos que pudimos tener en aquellos días cada uno de nosotros, nos perdíamos únicamente para poder encontrarnos y comulgar con la noche.

Nos detuvimos para comprar cervezas y cigarrillos. Mientras esperaba en la fila miraba la publicidad que tenían pegada a las paredes. ¿En que habíamos acabado? pegando fotografías de mujeres semidesnudas para vender café. El sujeto de la caja tenía los ojos rasgados… demasiado rasgados. Me dijo con voz delgada. – aquí le cobro.  Y es que siempre la frase más escuchada de esa tienda es el conocidísimo “le cobran en la otra caja”. Cuando finalmente nos cobró lo miré con una actitud demasiado seria y le dije: ¡ALIGATO!

 

Cuando salimos las chicas tenían un problema con el vocho. Resulta que tenía un corto en uno de los cables que iban conectados a las terminales de la batería. Joana nos comentó que su auto se llamaba “ Blubie ” por ser azul y que le tenía bastante aprecio. Tardamos en repararlo unos diez minutos.  Media hora después estábamos en la fiesta reventándonos.

Friends

La fiesta era en una zona de buena pinta, debía de haber ahí unos ochenta o cien sujetos, había música, luces, tacos, una enorme piscina y muchísimo alcohol por todos lados.  La mayoría de la gente se la estaba pasando bien. Fue de repente que Joana me jalo y me llevo hasta el baño de la casa de Kiko Galván. Ya encerrados en el baño me empujo contra la pared y me beso, y su beso fue tan intenso que no pude sino corresponderle con mi lengua rozando la suya suavemente. Sabía a alcohol y a nicotina y a las nubes de fresa que te comes a mordiditas del cielo. Entonces fue mi mano quién entro tímida en su blusa y sintió su piel suave desnuda…  alguien toco la puerta, era Carlos.

-Oye Cal, dice la vecina que por favor muevan el auto, que le tapa la entrada de su cochera.

Salí con las llaves del vocho a toda velocidad y me subí para arrancarlo, la señora estaba ahí pegando de gritos parada enfrente de mí con su bata y su pijama, tenía un enorme busto que se movía mientras se agitaba gritándome y manoteando. Yo le decía: señora lo estoy intentando. Pero no paraba de gritarme. Finalmente pude arrancar a Blubie y lo estacioné a tres cuadras de la fiesta. Regresé lo más rápido que pude a la fiesta, a terminar lo que Joana había comenzado. Seguía en el baño, esperando por mí, y por lo que sería una de las mejores noches de nuestras vidas.

En la mañana fui con Carlos a buscar el vocho de mi amiga que aún dormía por la borrachera del día anterior, no estaba, alguien se lo había llevado. Como si se lo hubiera tragado la tierra así fue que supe que estaba metido en un verdadero problema. Quince años han pasado desde aquel día y después de todo este tiempo, los extraterrestres no han podido descifrar ni el sexo, ni la edad, ni mucho menos el origen del vochito 1980 que secuestraron en el estacionamiento de Liverpool a las 5 am de esa fría madrugada.

Vocho

A la memoria de Blubie 1980-2001

Calergo

Calergo Rocco:
Escritor subterráneo de letras ligeras y suaves que intentan sacar de su zona de confort al lector. Nacido en la ciudad de México, Tejedor incansable de historias en forma de prosa espontanea. Siguiendo las influencias de Jack Kerouac, Raoul Vanneigem Charles Bukowsky, y Parménides García Saldaña, ha ido creando un universo propio de personajes donde se enredan situaciones y momentos de la vida cotidiana de cualquier individuo que lucha contra los estándares sociales y contra lo establecido por un sistema decadente. Irreverente por vocación y situacioncita por decisión. Actualmente radica en la ciudad de Mérida Yucatán México. Lugar perfecto para la creación de su material literario.Facebook

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